El pasado 6 de marzo, la clase de segundo de Bachillerato, tuvimos unas convivencias en el Seminario de Valladolid, situado en la Rondilla, que se basaron en vivir una experiencia de servicio. En nuestro caso, se trataba de comprender qué es el daño cerebral adquirido. Y cuando decimos comprender no nos referimos a aprender a nivel físico o psíquico los cambios que se producen en la persona que lo sufre, sino en conocer cómo se sienten, sus problemas y alegrías del día a día.

Para ello, pasamos la mañana conviviendo con gente que sufre este problema, con algunos de sus familiares y también con voluntarios que se ofrecen altruistamente a echarles una mano.

Nos contaron que son una asociación llamada “Camino”, en la que ayudan a gente con daño cerebral adquirido. Conchita, una de las responsables de esta asociación, nos explicó que este problema se puede adquirir de diferentes formas como un accidente, o sufriendo un ictus cerebral. Esta asociación contribuye a que la gente con este problema pueda hacer vida normal, en su trabajo, con sus amigos y familiares, etc. Se les proporciona un entorno en el que pueden compartir sus vivencias y tener espacios distendidos para sentirse como una segunda familia.

Cuando tuvimos la oportunidad de hablar con ellos y sus familiares, algunos nos explicaron su situación personal. Por ejemplo, las pérdidas de memoria derivadas de este problema te pueden impedir continuar con tu trabajo de docente; o cómo, por un ictus, puede que ya no vuelvas a ser capaz de hablar. 

Aprendimos que este problema debe tener más visibilidad en la sociedad, para que estas personas se sientan integradas y no tengan problemas para vivir de forma normal. También hicimos actividades con ellos para conocerles más, sus aficiones, gustos... No buscan la compasión de nadie; por eso, en vez de lágrimas y palmaditas en el hombro, intercambiamos risas y abrazos.

Gracias a esta convivencia nos dimos cuenta de que no podemos ver este problema como algo lejano sino como algo que nos puede pasar a cualquiera. Para nosotros fue una experiencia que nos permitió valorar y dar gracias por lo que tenemos. Hay cosas básicas de nuestro día a día que damos por sentado y que la vida nos puede arrebatar en un momento.

Nos hizo plantearnos cuál es nuestro papel en la sociedad. ¿Vivimos una vida aislada en la que solo nos preocupamos de nuestros propios problemas? ¿Estamos dispuestos a contribuir, acompañar a los que lo necesiten, salir al mundo para hacer que éste sea un lugar mejor?