Resulta difícil describir lo trabajado y vivido en nuestras sesiones de Edutalento, porque no es algo concreto, no es algo científico, ni tampoco social o emocional, no perseguimos el conocimiento sin más, ni desarrollar las destrezas más agudas que existan. Lo que nosotros pretendemos y vivimos durante esa hora y media semanal es un conjunto de todo lo anterior. ¿Y cómo podemos hacerlo? Este curso hemos creado líderes de diferentes países en una organización llamada la OTU, hemos salvado al mundo en diferentes ocasiones de las meteduras de pata del Profesor Felsman y su loca ayudante Rasputina, e incluso, realizamos una misión espacial hacia Kepler para subsanar los errores cometidos en la tierra. En definitiva, todo ha girado en torno a la herramienta más básica del ser humano y sobre todo de los niños: la imaginación. Como diría Albert Einstein: “En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

La mejor forma de trabajar y de motivarnos para realizar una actividad es empleando recursos que nos permitan utilizar diferentes capacidades y partes de nuestro “yo”. Si algo responde a esta necesidad es la teoría de las inteligenicas múltiples. Todos somos distintos, nuestros alumnos tienen diferentes dominios y habilidades y, por eso, es necesario tener en cuenta al individuo, proporcionarle una atención individualizada que permita potenciar al máximo su talento. Para ello, buscamos que no haya únicamente actividades pasivas ni que se produzca un exceso de movimiento obviando la adquisición de conocimientos. O lo que es más importante, que los valores y las emociones pasen a un segundo plano en nuestra actividad escolar. 

Desde el equipo de Edutalento hemos desarrollado una programación totalmente flexible y cambiante, que varía en función de los intereses de los niños. Sin embargo, si tuviéramos que concretar de forma más práctica nuestro trabajo en el aula, podríamos señalar las últimas sesiones realizadas, donde nuestros alumnos siguen de expedición en el planeta Kepler y ya han tenido que hacer frente a las siguientes situaciones:

  • Instaurar “una forma de gobierno”, investigando sobre las distintas posibilidades de gobierno existentes.
  • Elegir los cargos dentro del mismo, teniendo en cuenta sus puntos fuertes y débiles para elegir el desempeño más adecuado.
  • Investigar sobre los recursos que ofrecía Kepler y trazar un plan para cubrir todas nuestras necesidades allí. Por ejemplo, para el transporte se diseñó una red de toboganes propulsados por ventiladores y, de ese modo, se aprovechó la energía eólica del planeta.
  • Diseñar las diferentes zonas y puntos estratégicos en nuestro nuevo planeta. Utilizando a modo de soporte el tradicional tablero del Monopoly, creamos el nombre de cada una de nuestras estaciones científicas, puntos de cultivo, edificios gubernamentales, etc.
  • Crear un sistema económico. En el mismo tablero en el que establecimos las zonas, también les pusimos precio en función de su trascendencia. Debatimos en primer lugar si querríamos utilizar dinero y creamos los Keplercoins. Después fue el momento de decidir qué espacios serían más caros o difíciles de adquirir.
  • Las alarmas nucleares. Todas las actividades de las que hemos hablado antes son continuamente interrumpidas por alarmas nucleares que sólo se pueden parar solucionando diferentes retos que van desde lo intelectual hasta lo físico y sonoro. De esa forma, nunca prevalece la monotonía en las actividades.

En estas actividades trabajamos la inteligencia lógico-matemática, la inteligencia naturalista (procuramos un desarrollo sostenible del planeta), la inteligencia visual-espacial, la inteligencia lingüística, la inteligencia musical (distinción de alarmas nucleares y retos con musicogramas), la inteligencia cinético-corporal y la inteligencia intra e interpersonal.

Sólo nos queda señalar que en este programa, al que con acierto se denominó EDUTALENTO, se persigue una educación de las personas hecha para las personas, teniendo en cuenta sus diferencias, intereses y aspiraciones. En definitiva, se buscan momentos en los que el aprendizaje sea algo vivo, en continuo cambio y con el que los alumnos disfruten adquiriendo conocimientos, de tal manera que el límite de lo investigado sólo lo puedan poner ellos. 

Samuel Martínez